…Terminé agotada física y emocionalmente aquella noche. Llegué a mi habitación y me acosté. Mi cabeza era como una jaula de grillos; de repente me pasan por la mente imágenes, secuencias muy desagradables; entro en una espiral de agonía y angustia… No entendía qué me estaba pasando, llegué a sentir que me faltaba el aire y de repente me acuerdo de las palabras de José: «si entráis en un lugar oscuro o en bucle, dejarlo pasar, no os estanquéis allí, respirar profundamente y dejarlo ir»…
Así lo hice. Al instante desapareció y — de repente — ocurrió!!!
Es difícil de expresar con palabras, muy, pero que muy difícil por no decir imposible, pero dentro de mis limitadas posibilidades lo intentaré.
El AMOR en mayúsculas sigue siendo ridículo para expresar un sentimiento que impregna el todo. Experimenté la compasión y el amor, pues no están separados; la comunicación no era verbal sino telepática, por definirla de alguna manera, era como si me instalaran algo que contuviera toda la información porque estaba en otro presente pero mucho más real que éste (digo esto por que aquí carecemos de muchos sentidos por lo que pude experimentar, dado que no existe el tiempo ni el espacio y sabes que todo es un continuo infinito).
No faltaba ni una pieza de mi puzle de vida, allí estaban todos: desde la persona más importante hasta la más fugaz, y a la vez, todos éramos Uno. Por ello cito esta frase de Shakespeare que me viene a la cabeza: «la vida es un gran escenario y nosotros somos meros actores»… no encuentro mejor definición.
Fue un regalo que llevaré conmigo hasta el último respiro. Ahora sé que solo cruzaré un puente y en el otro extremo estarán los míos, los que partieron antes. Este será mi gran viaje, libre de equipaje, como dijo aquel poeta, y con los brazos abiertos de par en par…
