Podría decirse que suprimimos el “NO» para conservar la cercanía con alguien que nos importa, pero en realidad nos alejamos ya que el resentimiento contamina el aprecio hacia esa persona.
El resentimiento puede verse como el residuo de lo que no se dijo o de los sentimientos que se suprimieron. A fin de cuentas, si examinamos la palabra, resentimiento habla de volver a sentir y volvemos a sentirlo una y otra vez en la mente y el cuerpo, hasta que nos damos por enterados. Aquí la pregunta que nos deberíamos hacer sería: ¿qué me estoy perdiendo de la vida por mi incapacidad a decir NO? Entre las posibles respuestas estarían la autoestima, la alegría, la espontaneidad, la libido, la oportunidad de crecimiento y, sobre todo, la posibilidad de ser tu Yo auténtico.
Algunas relaciones no sobrevivieron a la elección de su autenticidad, fue una de las decisiones más angustiosas, sin embargo, en ese dolor había libertad. Revierte y reivindica las difíciles elecciones que estuvo obligada a tomar en sentido contrario cuando era una niña, dejar de complacer y de buscar la aprobación de los demás. No es un proceso fácil, hubo que despojarse de muchas capas de cebolla y así cada vez conseguir ser más libre en su autenticidad. Aprendió de su propia historia, de heridas emocionales, observando en qué situaciones y hacía quiénes su corazón, abierto y blando, tendía a endurecerse y cerrarse, acompañado de un nudo en la garganta —síndrome de “por favor, quiéreme” o “por favor, escúchame”.
Cualquiera, sea cual sea la historia, puede escuchar la llamada de lo integro, sea un grito o un susurro, y tomar la decisión de avanzar en el camino. Con el corazón como guía y la mente dispuesta, seguiremos la dirección por la que nos guíe esa llamada. No hay hoja de ruta para algo que debe encontrar su propio arco individual. Al igual que otro estado natural, la autenticidad no es un concepto, sino algo que se vive, que se experimenta, que se disfruta.
