Un texto de Victor Frankl dice así: «el sentido de la vida no se crea, sino se descubre». Cada individuo tiene un propósito en la vida y de cada uno de nosotros depende descubrirlo.
En muchas ocasiones le hacemos preguntas a la vida y la clave no está en las preguntas que nosotros le hagamos, sino como respondemos a las preguntas que ella nos plantea.
Cuando nacemos, somos una hoja en blanco, con el tiempo esta hoja se va llenando de contenido, dependiendo de donde nacimos, de las normas, cultura y hábitos sociales. Todos ellos serán los primeros en ganar la partida y de ése modo se escribirá el guión condicionado de tu vida; a partir de ahí llega el momento en que nos sentimos totalmente identificados con el personaje preestablecido, al cual llamaremos Yo!!
Y en ese momento la mente reemplaza al alma, desaparecen la ingenuidad, la intuición, la espontaneidad con las que llegamos, y todo queda detrás de un telón lo suficientemente denso para no ser recordado. Y ASI EMPIEZA EL JUEGO…
La mente será un perfecto guardián interesado en preservar los condicionamientos que nos atrapan en una zona mal llamada «de seguridad», pero el alma no se siente realizada en esa zona, más bien se siente excluida en ella, por lo que a veces sentimos vacío e infelicidad. Esa infelicidad que siente el alma tiene un camino y ese camino, en múltiples ocasiones, se llama enfermedad. Ese concepto lo desarrollo un poco más en el siguiente artículo: Buscando el origen
El cuerpo te da señales, si no lo escuchas, enferma, te está diciendo: por ahí no es! A continuación quiero compartir un vídeo que lo ilustra perfectamente: https://www.facebook.com/reel/1975795282796829/?sfnsn=scwspwa
