La huida del yo se ve poderosamente agravada por el trauma evidente, de ahí la desconexión del yo auténtico. Las crisis de identidad, como las que experimentó, no se eligen conscientemente. Son el resultado de las circunstancias vividas, dejando cada mañana sus verdaderos sentimientos, pensamientos, deseos y necesidades en la puerta de su habitación para recuperarlos al final del día, como si de un coche aparcado se tratara. Completamente externo y basado en el constructo mental que elaboró entre los 5 y 15 años de lo que necesitaba para ser aceptada. La máscara ocultará las inseguridades, las carencias emocionales, pero lo que nunca será capaz de aplacar son las emociones no expresadas, ahogadas y tan injustamente silenciadas.
